
La imágen de arriba es una fotografía tomada por mi amigo Fernando (aquí la original, y aquí su genial galería) hará apenas unas hora, tal vez un poco más, de una de las vías de tránsito más confluidas y constantemente ocupadas de nuestro pequeño rancho de San Luis Potosí; siendo hoy domingo por la mañana, lo normal sería verla llena de autos o de gente, ya sea iendo hacia el parque, o al tianguis, o a alguna actividad para combatir el tedio típico de los domingos por la mañana... Sin embargo, no es eso lo que se ve; ni ahí, ni en prácticamente ningún otro rincón, calle, plaza o lugar de la ciudad; lo único apreciable es cierto vacío, extraño, misterioso, pareciendo incluso, si hubiera un poco más de neblina en el ambiente o caos, una típica escena de cualquier película que trate sobre la desolación de una ciudad a causa de algún peligroso virus que convierte a sus habitantes en zombies asesinos y peligrosos. Lo malo de esto es que, hasta cierto punto esa es la situación actual que vivimos en nuestra péqueña capital potosina; quiero decir, no hay zombies babeantes y mortiferos por ahí, ni virus alguno capaz de resucitar a los muertos... Pero lo cierto es que la ciudad se encuentra sitiada por la aparición de un extraño y nuevo virus que tiene a todos con los pelos de punta. Se trata del virus de la Influenza Porcina; no vale la pena entrar en detalles técnicos o médicos sobre él, puesto que por ahora, apenas se prende la televisión en alguno de los canales de transmisión local, e incluso nacional, lo más probable es ver algún comercial, avanze informativo, cápsula informativa o conferencia de prensa de las autoridades de salud o educación que hable precisamente de ello. Lo que si vale la pena recalcar es el impacto que esto ha tenido en la población. Calles vacías, casas convertidas en claustros, eventos de toda índole cancelados, escuelas de todos los niveles y dominios clausuradas por semana y media, hospitales saturados de gente que acude por vacunas, o consultas pues creen tener el infeccioso padecimiento. Poco a poco se ha ido conviritendo en alguna clase de crisis causada por la histeria colectiva que ha ido tomando posesión de los potosinos. Por una parte es bueno ver que la gente ya comprendió que no se trata solamente de una gripilla mas común del verano, sino que es algo un poco más grave, y estan realmente tomando las medidas necesarias para proteger su salud; mas, por otra, esta el pequeño problema de la exageración y el pánico que esto ha traido consigo, que hace que saturen los hospitales de gente que cree tener la enfermedad sin siquiera saber los síntomas, hipocondriacos y curiosos, o exageren en cuanto a las medidas preventivas. Algo muy importante que hay que mantener siempre en mente, es que todo este argüende por parte de las autoridades no es por que la enfermedad sea particularmente mortífera o incurable, puesto que ya se tienen los medicamentos y se sabe el procedimiento para la recuperación de quienes la padezcan; en realidad, todo esto es para evitar que la enfermedad se siga expandiendo, y así ya no aparezcan nuevos casos, y así procurar que la cepa se extinga más pronto y termine toda esta locura. Tal vez si todos tuvieramos esto permanentemente en cuenta, el ambiente que viviríamos actualmente sería de precaución, y tal vez un poco de preocupación, pero no de miedo e histeria. Lo que si, es que de momento mis dos preceptos universales y casi permanentes sobre la ciudad que me tocó habitar estan completamente rotos por el momento: - El primero, que dice que en San Luis nunca pasa nada interesante ni relevante, mucho menos a nivel país, puesto que ahora estamos en la mira de los noticieros de transmisión nacional, e incluso internacional, por ser el segundo lugar con más brotes en el país en que empezo toda esta pandemia (si, ya es pandemia, habiendo casos aquí y en Estados Unidos).
- El segundo, que dice que San Luis Potosí es la ciudad más segura que pueda existir en el país en cuanto a desastres y fenómenos naturales se refiere. Solía siempre mantener ese punto firmemente, aparentemente cierto: Rodeados completamente por montañas de buena altura, fuera de cualquier zona sísmica o volcánica, asentados en una meseta de elevación considerable, a miles o millones de kilómetros de cualquier área propensa a tornados, y con el clima lo suficientemente seco como para pensar en inundaciones, pero sin exagerar como para pensar en incendios forestales (que, aparte, ¡Ni bosques tenemos!). Aunque, al plantear ese paradisiaco escenario, jamás pense en la faceta más peligrosa de la naturaleza, que es precisamente, su amplísima potencialidad y calidad en cuanto a "diseño de armas biológicas" se refiere. Ahí, y para muestra basta un botón, no tenemos en absoluto ningún factor de origen natural que nos ampare; el único "talón de Aquiles" de nuestra fortificada ciudad.
En fin; esperemos que esta "pesadilla", para algunos, "novedad", para otros, o, simplemente, situación, desaparesca pronto, y no tengamos que volver a ver dentro de un muy buen y largo tiempo otra vez fotografías de la ciudad semejantes a aquella con que abrí esta entrada. Cuidense muchísimo todos, y estamos en contacto.--------------------------------------------------------------------------------La foto aqui puesta (C) a su Autor, Fer.